medida del sangrado menstrual y productos de higiene menstrual

    • A lo largo del ciclo menstrual, las mujeres padecen síntomas, físicos, psíquicos o conductuales, englobados bajo el término impreciso de síndrome premenstrual, con diferentes cifras de prevalencia en la población femenina (33% a 97%) que pueden ser percibidos como leves (solo lo nota la mujer), moderados (lo nota su familia) o graves (no puede realizar sus actividades diarias); igualmente, la presencia de dismenorrea, puede ser igualmente calificado como leve, moderado o grave, dependiendo de la tolerancia de la mujer al dolor y, otros determinantes como la paridad y la edad.

      Dentro de las alteraciones menstruales, la determinación del volumen de sangrado, continúa siendo objeto de investigación y, su apreciación guarda relación con las percepciones de las propias mujeres y de los profesionales que les prestan ayuda. La tolerancia al volumen de sus sangrados hace que los cambios en el mismo, en muchas ocasiones, no sean motivos de consulta.

      En nuestro medio, los métodos anticonceptivos más utilizados entre las mujeres, en edad fértil, son el preservativo masculino, seguido de los anticonceptivos hormonales orales. Pero a lo largo de la vida reproductiva estas preferencias suelen ir cambiando, así como por la tolerancia y gustos por los mismos.

      En este trabajo de investigación, se propuso los siguientes objetivos que se presentan aquí:

      1. Caracterizar sus ciclos menstruales mediante:

      1.1. La estimación del promedio de la longitud del ciclo y su asociación con terceras variables: edad, trabajo, historia obstétrica.

      1.2. La determinación de la duración e intensidad de la menstruación y su asociación con terceras variables: edad, trabajo, historia obstétrica.

      1.3. El análisis de la frecuencia de algunos síntomas premenstruales.

      1.4. El conocimiento de la frecuencia y los tipos de fármacos utilizados para el dolor menstrual.

      2. Identificación de los productos de higiene menstrual (PHM) usados durante la menstruación, en función de su capacidad de saturación y del estado en el que fueron desechados.

      3. Identificar los usos anticonceptivos no hormonales en una muestra de mujeres sanas residentes en Andalucía.

      Para ello, se realizó una investigación observacional y trasversal entre 457 mujeres sanas de 12 a 49 años de edad, reclutadas fuera del ámbito sanitario, a través del servicio de medicina laboral de un centro comercial y en dos centros académicos, un IES (Priego de Córdoba) y una escuela universitaria (Universidad de Granada). Las participantes se les entregó para su cumplimentación, unas fichas y un PBAC (pictorial blood loss asessement chart) anonimizados, donde debían reflejar sus hábitos anticonceptivos pasados y actuales, las características de su ciclo menstrual y de su menstruación inmediatamente posterior a su inclusión en el estudio.

      Dentro de los resultados más relevantes, podemos extraer las siguientes conclusiones:

      – Con respecto a los usos anticonceptivos, con excepción de los hormonales, hemos encontrado un importante porcentaje de no usuarias o, de usuarias del condón, que en gran parte también eran ex usuarias de anticonceptivos hormonales orales. Esta circunstancia nos ha favorecido a la hora de estudiar el ciclo y la menstruación en condiciones basales, sin interferencias sobreañadidas.

      – En la mayoría de los casos la longitud del ciclo fue de 25-33 días. Ni la paridad ni el estatus socio-laboral indujeron cambios.

      – La incidencia de síntomas premenstruales fue muy elevada, y la queja sobre algunos de los mismos se incrementaba con la edad.

      – La dismenorrea también tuvo una alta presencia en toda la muestra, circunstancia que mejoraba con la paridad, y que alcanzaba un nivel álgido entre los 21 y los 25 años. En más de la mitad de los casos se trataba con AINEs.

      – El consumo de productos higiénicos menstruales, y la saturación con la que fueron recambiados también dependía de la edad de las participantes.

      – Los niveles de corte establecidos para cuantificar el PBAC score tendrían que ser revisados, porque, no se ajustaban a los obtenidos, tras la aplicación de distintos criterios, en esta muestra de mujeres sanas.

      La cuantía de 80 mL de sangrado/menstruación, establecida por los organismos competentes, quizás resulte baja, y debería actualizarse, promoviendo entre otras, investigaciones en el campo de las usuarias de la copa menstrual que, aunque lentamente, ya se está introduciendo en España.

      – Proponemos que en la clínica, si se lograra que la mujer hiciera el recuento de los productos de higiene menstrual, el PBAC score se ajustara a la edad, ya que ésta ha resultado determinante en los hábitos de consumo de dichos productos.

      Finalmente consideramos:

      1. Que se hace necesario promover investigaciones sobre el efecto de los disruptores endocrinos (xenoestrógenos) en la morbilidad menstrual, ya que se ha demostrado que es alta entre mujeres trabajadoras, ya que todas tenían en común el ejercer su actividad en un entorno cerrado.

      2. Que aunque el sangrado menstrual puede ser evaluado de forma muy subjetiva, creemos que ha llegado el momento de tratar de objetivarlo. Utilizando la edad, el consumo global de productos de higiene menstrual y su capacidad de saturación, junto con expertos en estadística e informáticos, podríamos contribuir a la elaboración de una fórmula matemática; luego se aplicaría en los dispositivos móviles y permitiría la evaluación, e incluso la autoevaluación, de las mujeres aquejadas de trastornos del sangrado. Una vez validada quedaría lista para ser introducida en los programas de salud sexual y reproductiva. De este modo se podrían promover investigaciones cuantitativas que dieran a conocer la prevalencia, los determinantes y las consecuencias de la disfunción menstrual en España, mediante protocolos e intervenciones de bajo costo, y que permitieran el abordaje diagnóstico y terapéutico de la morbilidad menstrual.

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FUENTE: Tesis Aplicación de un cuestionario sobre el ciclo menstrual y usos anticonceptivos no hormonales en mujeres andaluzas accedida en https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=57190

 

«a mí también me duele la regla»: cosas que no deberías decirle a una afectada de endometriosis (2)

«a mí también me duele la regla»: cosas que no deberías decirle a una afectada de endometriosis (1)

pacientes expertas como determinantes de salud

El pasado lunes, 16 de enero, se inauguró el segundo curso de paciente experto en enfermedades crónicas de la facultad de Ciencias de la salud de la URJC. El primer curso insufló vida a este blog y sobre todo a su autora, así que sólo puedo decir cosas bonitas de sus directores y profesorado.

Cuando me preguntan cómo se llama el curso que hice, juego con la ambigüedad del título de experto [he utilizado el genérico masculino como universal en toda la ponencia]. Experto en enfermedades crónicas lleva a la risa de quienes tienen poco trato con el sistema sanitario. Título de experto parece una más de esas titulaciones de postgrado que fomentan la «titulitis», inflamación crónica de CV.

Pero la intención de los creadores e impulsores de este curso no creo que fuera ésa. Creo que, siguiendo los pasos de otros programas de paciente experto como los de Stanford, y sus propias experiencias de acercamiento de la universidad a la sociedad en el área suroeste de Madrid, decidieron apostar por una formación pública, de calidad y accesible a todo tipo de personas, con enfermedades crónicas o no.

Sin embargo, los términos en este campo bailan, y me gustaría hacer un breve repaso por el campo semántico del empoderamiento de los pacientes (descripción de fenómenos: un defecto de socióloga).

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Hablamos de tres niveles de participación que jerarquizo, de menor a mayor deseabilidad, desde los valores de la participación en el sistema sanitario y en los propios procesos de salud y enfermedad:

  1. Información (de arriba abajo, cambiando con internet)
  • Pacientes informados
  • Pacientes activos
  • Pacientes expertos: personas que tienen la confianza, habilidades, información y conocimiento necesarios para desempeñar un papel central en la gestión de la vida con enfermedades crónicas.
  1. Opinión (única e intransferible)
  • El paciente en el centro
  • Humanizar la asistencia
  • Experiencia del paciente
  • Satisfacción del paciente
  1. Decisión
  • Pacientes empoderado: no es un invento de perroflautas ni sólo de feministas, el término tiene una construcción y tradición teóricas potentes.
  • Paciente im-paciente (impatient):  término bromista tomado de un falso amigo
  • Paciente inquieto (Irene Aterido)
  • Paciente altamente implicado
  • Co-decisión y advocacy (defensa de los derechos de los pacientes).

Tres niveles… y dos premisas:

Primera: Nadie puede empoderarte si tú no lo deseas ni estás formada para esa igualación de poder: sería paternalismo. El sistema sanitario no puede empoderar. El sistema político institucional no puede “decidir” empoderar a pacientes desde la salud pública, por ejemplo. Puede «poner los medios» para igualar y remediar inequidades.

Segunda: «Nadie educa a nadie, nadie se educa solo, las personas se educan entre sí mediatizadas por el mundo» (Paulo Freire).

(Hay otras dimensiones aparte de esas tres, pero se basan en otra escala de análisis):

  • e-patient
  • telemedicina
  • e-health

Sobre el tercer nivel, la decisión implica que hay poder en juego, no sólo salud. El poder es una entidad con muchas caras: simbólico, económico, político, de un género sobre otro, geográfico. El poder no es algo que esté concentrado sino distribuido, no siempre de forma equitativa. Reconocer que hay desequilibrios de poder entre el sistema sanitario y pacientes (como entes abstractos) es el paso básico para entender por qué cursos como éste son necesarios. No pretendo insultar vuestra inteligencia pero, sin unas relaciones asimétricas de poder, este curso no tendría lugar. Este curso tiene lugar incluso a pesar de esas desigualdades entre academia, ciencia, pacientes, profesionales sanitarios, especialidades médicas y académicas y agencias políticas. Estamos hablando de un mapa de poder de los actores y actrices en relación al sistema sanitario.

Cuando se logra hablar y titular un curso como de paciente experto, es porque estamos visibilizando unos cambios (deseados o no) en esas relaciones de poder. Reconocer que existe desigualdad no implica que exista conflicto. A su vez, reconocer que, en algunos aspectos, hay conflicto de intereses entre actores/actrices, no quiere decir que haya desigualdad. La realidad es muy compleja.

Apoderarse es ganar poder desde el conflicto. Empoderarse tiene como efecto el establecer nuevas relaciones (de poder) más equitativas entre todos los actores implicados (profesionales, gestores, pacientes y familias). Puede que tenga como efecto secundario el provocar conflicto, fricciones, lucha por los recursos. Pero el efecto primario va a ser tan positivo, potencialmente: construir alianzas de colaboración, que ¡Merecerá la pena el aguantar unos efectos secundarios inherentes a cualquier cambio social! Todo ello se puede vencer recetando empatía a las partes. Ponerse en el lugar del otro es fundamental para construir una sanidad participativa.

Para terminar la parte terminológica, yo diría que la mayoría de quienes os habéis inscrito este año sois pacientes inquietos, con o sin síndromes diagnosticados. Vuestra inquietud intelectual viene tamizada por la experiencia de dolor, de enfermedad, de medicalización, muy probablemente. Decía Stefan Zweig que toda ciencia viene del dolor: “El dolor busca siempre la causa de las cosas, mientras que el bienestar se inclina a estar quieto y a no volver la mirada atrás”.

Sobre el título de esta ponencia: Todas las perspectivas que hablan de paciente experto etc. pecan del gran sesgo de la medicina y la atención médica: el olvido de los determinantes sociales de la salud. La salud y la enfermedad tienen una repercusión social, emocional, ética, que va más allá de lo biológico. Es imprescindible dejar de lado el concepto de salud biologicista o sólo bio-psico-médico (sin el social detrás: es el adjetivo que siempre se cae). El «paciente en el centro» (del sistema sanitario) es, primero, el paciente en su familia, en su trabajo, en los cuidados necesarios para el desarrollo de las actividades cotidianas. La vida es una interrelación de sistemas y, si el sistema sanitario pone al paciente en el centro, estará iluminándolo, sí; acercándose a él, sí; humanizándose, sí; pero, también, seguirá olvidando, ignorando el sistema social que duele. Hay que considerar el marco existencial y las condiciones (políticas, económicas, sociales, culturales) en las que se encuentran las personas y cómo influyen en el proceso de salud-enfermedad y atención sanitaria.

Un sistema social desigual, en el que el acceso a la educación, el empleo, el trabajo de cuidados y la sanidad son desiguales (no lo digo yo, son los determinantes sociales de la salud) o el género (femenino, masculino, otros) o el hábitat (saludable o contaminado) marcan la probabilidad de desarrollar unos u otros cánceres, la posibilidad de acceder a unas u otras pruebas diagnósticas en uno u otro plazo. Un sistema social desigual se refleja en el empoderamiento o des-empoderamiento de las/os pacientes, y en el tipo de comunicación interpersonal en los procesos de salud, enfermedad y atención sanitaria. Como sabemos, la cronicidad es prevenible y modificable, si se ponen los medios. No voy a hablar de los costes directos e indirectos que genera la desatención a la cronicidad ni de que el sistema sanitario sigue un modelo hospitalario de “agudeza”, no de cronicidad. Desde Otawa 1986 poco ha cambiado en la mente de los gestores sanitarios y la clase política pero, afortunadamente, escuelas de pacientes como ésta tendrán un efecto multiplicador en los entornos de cada uno de los agentes de salud que saldrán de esta promoción.

Con la educación para la salud, la promoción en salud, o de hábitos saludables, la capacitación de agentes de salud… logramos que, en sus sistemas familiares, laborales y de ocio, esos pacientes faciliten procesos de cambio en enfermedad y salud. Frente a la concepción dicotómica de salud/enfermedad tenemos que promover un concepto de salud que sea el de la capacidad para seguir obrando, maquinando, proyectando, actuando. Los pacientes no carecen/carecemos de agencia: se la han quitado desde el lenguaje paternalista y medicalizador del discurso dominante en ciencias de la salud. No se la han quitado por mala fe, sino por una serie de prácticas que afianzan el sistema simbólico de dominación. Los actores y actrices del mapa sanitario de una patología se ven, así, en ocasiones, representando un guión malísimo de una película más mala todavía y de bajo presupuesto. Está en manos de todos: universidades, centros clínicos, pacientes, el erosionar y permear un sistema obstruido.

Una sanidad que no escucha al paciente se queda coja y, sin embargo, ocurre todos los días. Los módulos de psicología, comunicación y manejo de emociones ayudan a paliar expectativas poco realistas o frustraciones que esos pacientes tuvieran en cuanto al sistema sanitario. No obstante es el empoderamiento es lo que permite un diálogo en condiciones de igualdad. No de conocimientos, sino de posiciones sociales. En la sanidad participativa, la experiencia del paciente es oro; la vida cotidiana es tan fuente de saberes como PubMed. Esto no lo digo yo: lo han dicho muchos sociólogos antes que yo.

Os dejo aquí la cita de dos iniciativas de pacientes inquietos que me gustan:

  • la revista científica sobre experiencia de pacientes (Patient Experience Journal)
  • y la iniciativa «Pacientes incluidos/as» de Lucien Engelen, REshape Center, Radboudumc, que promulga la revisión por parte de un paciente de los artículos de revistas científicas

El análisis de la gestión sanitaria también se beneficia de la experiencia de los pacientes. La experiencia de los pacientes es conocimiento, es satisfacción, es evaluación, es datos clínicos valiosos.

Se ha demostrado que las personas que asisten a los cursos de educación para la salud y este mismo título universitario de paciente experto tienen mayor autoestima y son más capaces de lidiar con el impacto de la enfermedad a largo plazo en sus vidas. Según las investigaciones llevadas a cabo hasta la fecha, hay evidencias de que:

  • Los programas que enseñan habilidades de autogestión son más eficaces que la simpe información al paciente para mejorar los resultados clínicos.
  • La educación para el autocuidado puede mejorar los resultados y reducir los costes para los pacientes con enfermedades crónicas.
  • Los programas de educación para el autocuidado que reúnen a los pacientes con una variedad de enfermedades crónicas pueden mejorar los resultados clínicos y reducir los costes.

Personalmente sé que la primera promoción logró sacar de casa a un puñado de enfermos crónicos, darles una información sistemática sobre el funcionamiento de la psicología, la fisiología, la farmacología y algunas enfermedades muy prevalentes. Cambió la vida de ese grupo, que sigue vivo en el whatsapp y en encuentros presenciales. Son pacientes informados, con curiosidad, con inquietudes por todas las noticias que van saliendo relacionadas con la salud. Ese curso plantó una semilla que esperamos que recojáis vosotras/os, segunda promoción, y disfrutéis tanto como lo hicimos nosotras/os.

Muchas gracias por vuestra atención.

¿tengo que vacunarme del papiloma?

El cáncer de cérvix (el cuello del útero) causa cada año en España, 3 muertes por cada 100.000 mujeres. Dada la baja incidencia de este tipo de enfermedad, algunos expertos en salud pública cuestionan la vacunación generalizada y su efectividad y seguridad. Consideran que la citología es la mejor estrategia de detección y de diagnóstico precoz.[youtube=https://youtu.be/8qKUHpRlA4w]

El pasado 3 de octubre se pudo acceder a la versión definitiva del documental Papiloma que, como sabéis, han creado y financiado entre tres entidades sin ánimo de lucro: Entrepobles, CAPS y SICOM. El pistoletazo de salida lo dieron con una rueda de prensa en el Colegio de Periodistas de Catalunya que se pudo ver en directo en la página web de SICOM. Las intervenciones en catalán y inglés están subtituladas a la variante peninsular del español.

Como en cualquier intervención de salud, hay múltiples factores de salud a tener en cuenta:2013_04_25_11_11_39_1

Pero después de todo esto: ¿Has de ponértela? ¿Es recomendable ponérsela a tu hija adolescente? Depende… Tienes derecho a decidir, por ello te recomiendo ver el documental y/ o leer los siguientes documentos:

El colmo del absurdo es que en España la incidencia del cáncer de útero es bajísima, de las más pequeñas de Europa, donde ya de por sí es baja (el 90% de las muertes se producen en países subdesarrollados, donde las mujeres no se someten a controles ginecológicos).

¿Cuál es la incidencia? Citan a un facultativo en este artículo:

si 3 de cada 10 mujeres lo tiene, o sea, 30.000 de cada 100.000, y solo tienen cáncer de cérvix 3-4 de cada 100.000, tan solo 1, máximo 2, de esas 30.000 mujeres “infectadas” tendrán cáncer. Un virus [el del VPH] bastante «benigno». Ya nos gustaría que todos fueran igual…

Más información equilibrada sin intereses farmacéuticos:

¿Por qué a veces duele más y a veces duele menos?

Los médicos anestesiólogos (que estudian y tratan el dolor, normalmente dentro de una unidad del dolor de un hospital) y los médicos/as de cabecera (es muy interesante que te ayude a manejar el dolor y tengas una buena relación con él/ella) saben bien que el dolor tiene muchos factores que le influyen. Nosotras también sabemos que si estamos acompañadas nos va a doler menos que si estamos solas «comiéndonos la cabeza» (rumiando pensamientos).

Por eso os dejo esta lista de factores que modifican el umbral del dolor (qué cantidad de dolor aguantamos), para que penséis si os pasa que os duele más o menos dependiendo de estos factores:

  1. Nos dolerá MÁS si… (factores que reducen el umbral del dolor):
    – tenemos Malestar (náuseas, por ejemplo)
    – sufrimos Insomnio
    – Fatiga, cansancio (el dolor cansa, además)
    – tenemos Ansiedad
    – Miedo
    – Enfado
    – Tristeza
    – Depresión diagnosticada, previa
    – Aburrimiento, estar sin ocupación
    – Introversión: nos cuesta expresar lo que sentimos
    – Aislamiento mental: estamos encerradas en nosotras mismas
  2. Nos dolerá MENOS si… (factores que aumentan el umbral del dolor)
    – Control de otros síntomas que no sean el dolor: por ejemplo, si logramos dejar de sentir náuseas, será más fácil aguantar los retortijones. Todo junto se hace un mundo
    – Sueño suficiente (nunca nos cansaremos de recomendar que durmáis toooodo lo que podáis, el sueño es el mejor reparador, y ha de hacerse por la noche pero, si no, échate siestas a lo largo del día)
    – Reposo (tumbada o sentada, si te lo permite el dolor)
    – Comprensión de tu entorno: si la gente cuestiona que te duela, es lógico que te desmoralices y te dolerá más. Por eso es imprescindible que eduques a tu entorno cuando te encuentres mejor, les enseñes información, la Guía Clínica o esta web.
    – Solidaridad de las personas que te rodean, facilitándote el aseo, preparándote la comida y a medicación, ocupándose del cuidado de la casa, de los niños/as, en el trabajo…
    – Distracción y risa: ver pelis, leer un libro
    – Reducir la ansiedad: pensamiento positivo y confiado en que es un mal día y habrá días mejores
    – Mejorar el estado de ánimo en general, porque si estás en depresión, afecta a tu sistema inmune y nervioso y te dolerá más
    – Analgésicos, lógicamnte te reducen el dolor y no es que el dolor se vaya o acabe, sino que el medicamento ha hecho su efecto
    – Ansiolíticos: te los mandan para que el estado de ánimo no se desmorone por el dolor continuo y para relajar los músculos y nervios, cosa que hace que te duela menos
    – Antidepresivos: te los mandan para que el estado de ánimo no se desmorone por el dolor continuo y para relajar los músculos y nervios, cosa que hace que te duela menos. Por supuesto si, aparte de dolor, tienes una depresión diagnosticada en el médico, es imprescindible que además hagas terapia psicológica. Los medicamentos sólo son un colchón o un escudo para que no te vengas abajo, pero necesitas muletas para caminar el resto de tu vida tú sola.

Y, a ti, ¿Te duele más o menos dependiendo del día y de estos factores? ¿Hay alguno que no hayamos mencionado?