una de cada diez

Recogemos el artículo “Una de cada diez” que, en marzo de 2016, elaboraron las compañeras de Feminismos para visibilizar la endometriosis y en el que participamos:

La endometriosis es una enfermedad que afecta a una de cada diez personas [nacidas] con útero y que consiste, a grandes rasgos, en el crecimiento del endometrio fuera de su localización habitual.

endoguerreras 2016Sin embargo, dicho crecimiento no se limita a la zona genital: este tejido esponjoso, cuya finalidad es la de albergar al embrión en el caso de que se produzca la fecundación, puede crecer más allá de la pelvis, provocando grandes dolores e incluso impidiendo, en algunos casos, un desarrollo habitual de la rutina diaria.

Hasta aquí, podríamos pensar que la endometriosis pasa por ser un proceso médico benigno, aunque también cruel y doloroso. Sin embargo, el estigma que impera, acompañado de los constructos sociales machistas que nos rodean, provocan que la desventaja recaiga una vez más sobre las personas enfermas. ¿Cómo es posible que muchas carezcan de un simple diagnóstico?

Vivimos en una sociedad que, por las más profundas costumbres patriarcales, nos obliga a ocultar sistemáticamente nuestros ciclos menstruales.

Los mecanismos educativos que han enraizado en nuestra mente nos han enseñado, sin lugar a debate, a que debemos menstruar en silencio, sufrir en silencio, y recomponernos, una vez más, en silencio. Esto es algo profundamente doloroso pero, en algunos casos, puede tornarse, incluso, dramático.

La Asociación de Afectadas por la Endometriosis hace hincapié en este punto recogiendo testimonios de decenas de afectadas que han visto cómo su enfermedad era confundida constantemente con los dolores menstruales. La falta de conocimiento –señalan- hace que la media para su diagnóstico sea de aproximadamente ocho años, lo que lleva a situaciones críticas personificadas en muchas de sus integrantes. Algo realmente grave si tenemos en cuenta que, durante este periodo sin diagnóstico, la enfermedad puede avanzar a un ritmo desmesurado, llegando a alcanzar puntos extremos de dolor que requieran hospitalización y tratamiento con mórficos.

Ana es una de los más de 176 millones de personas en todo el mundo que se ven afectadas por la endometriosis. En su caso, lleva conviviendo con la enfermedad desde los doce años. Sus reglas, abundantes, dolorosas, plagadas de mareos, vómitos y malestar general se tornaban insufribles llegando a ser, incluso, incapacitantes.

‘Mi madre me llevó al médico de cabecera varias veces; sin embargo, su única solución fue la saldeva [paracetamol], una respuesta que ha sido escuchada por miles de las personas que sufren de dolores menstruales. Ana relata cómo tuvo que esperar a que su médico de cabecera se jubilara para ser diagnosticada. Fue su nueva doctora la que sospechó: ‘Notó los endometriomas [quistes de endometriosis en los ovarios] y me lo dijo’. No obstante,  ya habían pasado seis años. A continuación fue derivada al ginecólogo y, de ahí, al Hospital Materno Infantil del Reina Sofía, donde le realizaron la primera operación, diagnosticándole una endometriosis profunda de grado III a sus apenas diecinueve años. Ahora espera una nueva intervención (la tercera, en su caso) y, con ella, la extirpación total de los ovarios. ‘Me quedarán secuelas de por vida’, y sufrirá además una menopausia precoz, con todo lo que conlleva.

Ana suma ahora la treintena de edad. Ha estudiado una carrera, un máster, y cuenta además con un ciclo en sanidad que le ha permitido conocer más en profundidad los procesos que experimenta su cuerpo. A pesar de ello, siente que las enfermas ‘son infantilizadas’ y en muchos casos la edad pasa por ser un factor determinante. Durante estos años pocas han sido las soluciones: anticonceptivos, dos DIU Mirena e, incluso, medicamentos para el cáncer de próstata [Decapeptyl].

La falta de investigación y, en consecuencia, la falta de conocimiento, han hecho que no se sepa siquiera, a ciencia cierta, de dónde proviene la afección, a pesar de ser considerada la responsable de una gran cantidad de casos de infertilidad (en torno al 50%).

Las endowarriors [endoguerreras], como están empezando a autodesignarse las personas con endometriosis por las redes y blogs, reclaman una mayor visibilidad y, por parte del feminismo, un compromiso real que defienda en igualdad de condiciones con otras patologías a las enfermas. Poner el acento de género en esta enfermedad es, dicen, una condición esencial para lograr su visibilidad y reclamar la investigación suficiente por parte de una medicina que está lejos de ser igualitaria.

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